Los agujeros negros “errantes” funcionan como archivistas cósmicos. Cuando dos galaxias chocan y se fusionan, un agujero negro puede salir desplazado del centro y vagar durante miles de millones de años. Aun así, su ubicación actual guarda un registro de cómo se ensambló su galaxia de origen.
Además, en las simulaciones (ASTRID, que recrea unos 13.500 millones de años de historia cósmica), las galaxias pequeñas con un agujero negro central dejaron de formar estrellas antes que las que tenían agujeros negros errantes. Y esos vagabundos podrían ayudar a resolver un debate abierto: si los primeros agujeros negros nacieron de estrellas masivas que colapsaron (“semillas ligeras”) o del colapso directo de nubes de gas (“semillas pesadas”).
El estudio, liderado por Emma Jane Weller (Yale), se publicó el 7 de septiembre en The Astrophysical Journal Letters.


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