Imagina que pudieras viajar a una época en la que el universo tenía menos del 5% de su edad actual. Ahí, hace más de 13,000 millones de años, brillaba EUCL J1729, un agujero negro supermasivo tan voraz que su disco de materia resplandecía con la fuerza de una galaxia entera. A ese tipo de objeto se le llama quásar. Su luz salió cuando el cosmos tenía unos 670 millones de años, y apenas ahora llega a nuestros telescopios. Es el quásar más lejano jamás descubierto y supera el récord anterior, de 2021, por 15 millones de años.
Lo más impresionante es la rapidez del hallazgo. Antes de Euclid solo se conocían 9 quásares tan antiguos, y el primero había aparecido en 2011. El telescopio, que ni siquiera fue diseñado como cazador de quásares, encontró 12 más en solo año y medio de datos, dentro de un lote de 31 quásares. Puede ver objetos entre 10 y 100 veces más tenues que sus predecesores, y lo logra con luz infrarroja: la expansión del universo estira la luz visible de estos objetos hasta volverla infrarroja.
Pero el hallazgo trae un problema para los científicos: ¿cómo pudo un agujero negro crecer tanto en tan poco tiempo? Cada paso más atrás en el tiempo vuelve la pregunta más difícil. Y la búsqueda sigue: Euclid podría encontrar quásares aún más antiguos, hasta unos 645 millones de años después del Big Bang, quizá este mismo año.


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