Es un Júpiter ultracaliente a unos 1,000 años luz de la Tierra, en la constelación del Cisne. Gira muy cerca de su estrella y completa una órbita en poco más de 2 días. Como siempre le muestra la misma cara a su sol, tiene un lado diurno abrasador, con temperaturas que superan los 2,000 °C, y un lado nocturno bastante más frío.
Lo curioso: el rubí y el zafiro son, químicamente, el mismo mineral: corindón (óxido de aluminio). Lo único que cambia es el color, según las impurezas que tenga. Se cree que el corindón es uno de los primeros minerales que se condensan en atmósferas muy calientes, así que en la zona nocturna del planeta, donde el gas caliente llega y se enfría, podrían formarse nubes de esas partículas.
Cómo se llegó a esa idea: en 2016, un equipo de la Universidad de Oxford analizó datos del telescopio espacial Kepler y vio que el punto más brillante del planeta se desplazaba de manera irregular. Eso sugería que los vientos cambiaban de dirección y que había nubes que aparecían y desaparecían. Los vientos del planeta son extremadamente veloces, y los científicos propusieron que esas nubes podrían ser de corindón.


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