Imagina un planeta joven y gigantesco, de unos 20 millones de años, un bebé en términos cósmicos. Es Beta Pictoris b, a unos 63 años luz de nosotros. Durante años fue famoso por otra cosa: es uno de los exoplanetas que se han llegado a fotografiar directamente, y se sabe que gira tan rápido que su día dura solo unas 8 horas.
Ahora resulta que además emite radio. Con el radiotelescopio MeerKAT, en Sudáfrica, un equipo de Harvard y la Universidad de Oregón captó ráfagas de radio repetidas que vienen del propio planeta y no de su estrella. Es la primera vez que se logra algo así con un exoplaneta. Hacerlo fue muy difícil porque la radiación de una estrella suele ahogar cualquier señal cercana, pero esta estrella es magnéticamente tranquila y dejó el campo libre.
Lo más llamativo es lo que revelan esas ráfagas. Parecen venir de auroras, como las luces del norte en la Tierra, pero a escala gigante: partículas cargadas que se mueven a lo largo del campo magnético del planeta. La frecuencia de esas ondas depende de la intensidad del campo, así que “escuchándolas” los investigadores estimaron un campo de al menos 1.250 gauss en la región donde se generan. Para ponerlo en perspectiva, el campo en la superficie terrestre ronda los 0.5 gauss y el de Júpiter, el más fuerte de nuestro Sistema Solar, ronda las pocas decenas de gauss como máximo. Es la primera medición directa del campo magnético de un exoplaneta.
Y eso importa por algo grande. Los campos magnéticos pueden proteger atmósferas de la radiación estelar, un factor clave para saber qué mundos podrían ser habitables algún día. Hasta ahora no había forma de medirlos desde tan lejos. Esta técnica podría abrir esa puerta.


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