Astronomía,  Ciencia

Los “Puntos Rojos” del Telescopio James Webb: ¿El Eslabón Perdido de las Galaxias?

Los diminutos puntos rojos que están reescribiendo la historia del universo

Imagina encontrar algo tan extraño que ni siquiera los astrofísicos más experimentados sepan qué nombre ponerle. Eso es exactamente lo que pasó apenas el James Webb Space Telescope (JWST) abrió los ojos al cosmos en 2022: miles de diminutos puntos rojos aparecieron salpicados en las imágenes del universo más antiguo, y cuatro años después, siguen desafiando todo lo que creíamos saber sobre cómo nacen las galaxias.

Little red dots o pequeños puntos rojos
En una galaxia similar a la Vía Láctea se ha encontrado en su centro un pequeño punto rojo.

¿Qué son exactamente los “little red dots o pequeños puntos rojos”?

Cuando el equipo de la astrónoma Ivo Labbé (Universidad Tecnológica de Swinburne) analizó las primeras imágenes profundas del Webb, se topó con 13 manchas rojas brillantes. Al calcular su masa y distancia, la sorpresa fue mayúscula: varias de ellas parecían tan masivas como la Vía Láctea, pero existían apenas 600 millones de años después del Big Bang. Los astrónomos, sin saber qué hacer con semejante contradicción, las apodaron informalmente “rompe-universos”.

Desde entonces se han catalogado más de mil de estos objetos, la mayoría ubicados entre hace 13,200 y 12,200 millones de años. Brillan intensamente en infrarrojo, con algo de ultravioleta, pero curiosamente sin los rayos X que uno esperaría de un cuásar típico (el núcleo súper luminoso de una galaxia alimentado por un agujero negro supermasivo activo).

Varios little red dots o varios peque{os puntos rojos
Diminutos objetos rojos captados por el telescopio espacial James Webb. Los valores de “z” indican el corrimiento al rojo de cada punto, es decir, qué tan lejos —y qué tan atrás en el tiempo— se encuentran dentro del universo. (Crédito de la imagen: NASA, ESA, CSA, STScI, Dale Kocevski, Colby College)

La hipótesis más extraña: “estrellas agujero negro”

Al estudiar el espectro de luz de estos puntos rojos, los científicos detectaron líneas de hidrógeno inusualmente ensanchadas, señal de gas moviéndose a miles de kilómetros por segundo alrededor de algo extremadamente masivo. Eso apuntaba a un agujero negro devorando material. Pero si fuera un agujero negro activo “normal”, debería parpadear en brillo y emitir muchos rayos X, algo que estos objetos casi nunca hacen.

La explicación que ha ganado más fuerza es tan insólita como fascinante: los puntos rojos podrían ser “estrellas agujero negro”, es decir, enormes nubes de gas —potencialmente diez mil veces más masivas que el Sol— envolviendo y ocultando a un agujero negro supermasivo en pleno crecimiento. El agujero negro se alimenta desde adentro, como una vela encendida dentro de una carpa de gas.

Constelación de la osa mayor
Un cúmulo de galaxias en la constelación de la Osa Mayor, con un acercamiento a la galaxia Saguaro en la esquina. (Crédito de la imagen: NASA/ESA/CSA/STScI/Pierluigi Rinaldi, Observatorio Steward; procesamiento de imagen: Alyssa Pagan, STScI)

El eslabón que faltaba: la galaxia Saguaro

Aquí es donde la historia da un giro apasionante. Un equipo liderado por Pierluigi Rinaldi (ahora en el Space Telescope Science Institute) cree haber encontrado en qué se convierten los puntos rojos con el tiempo. Identificaron una galaxia espiral con un núcleo rojo intenso, ubicada a 10,500 millones de años luz, a la que apodaron “Saguaro” por su parecido con el fruto rojo de ese cactus del desierto de Sonora.

El núcleo de Saguaro tiene todas las características de un punto rojo: brilla en infrarrojo y ultravioleta, pero además el Observatorio de rayos X Chandra detectó una débil emisión de rayos X proveniente de él. Según la investigadora Carys Gilbert, de la Universidad de Ciudad del Cabo, esa combinación de un núcleo galáctico activo, oscurecido y “débil en rayos X” encaja perfectamente con el rompecabezas de los puntos rojos.

Cuando el equipo simuló cómo se vería Saguaro si existiera mucho más temprano en la historia del universo, el resultado fue revelador: se vería exactamente como uno de esos diminutos puntos rojos. Es decir, los puntos rojos no serían una clase de objeto totalmente aparte, sino simplemente una fase temprana en la vida de galaxias con agujeros negros supermasivos en su interior.

Galaxia Saguaro
Comparación entre la apariencia actual de la galaxia Saguaro y cómo luciría —convertida en un diminuto punto rojo— si la observáramos en una etapa mucho más temprana del universo. (Crédito de la imagen: Alyssa Pagan, STScI; ilustración: Leah Hustak, STScI)

¿Por qué esto le importa a cualquiera que mire al cielo?

La implicación es asombrosa: nuestra propia Vía Láctea pudo haber sido, hace más de 13 mil millones de años, uno de estos diminutos puntos rojos. Los astrónomos ahora tienen, por primera vez, una pista sólida de cómo estos objetos crecen, se transforman y terminan convirtiéndose en las galaxias maduras y llenas de estrellas que conocemos hoy.

Aun así, el misterio no está cerrado del todo. Con más de 700 estudios publicados sobre el tema en solo cuatro años, y con hallazgos que muestran que no todos los puntos rojos son idénticos entre sí, los científicos apenas están empezando a atar los primeros y los últimos capítulos de esta historia cósmica. Lo cierto es que el Webb, diseñado para encontrar las primeras galaxias, terminó encontrando algo que nadie esperaba: una pieza clave para entender de dónde venimos.

Fuentes: Space.com (Keith Cooper, 7 agosto 2026) y National Geographic (Liz Kruesi, 2 julio 2026)